Proyecto "El Pasado y...el presente". Nº63. Ermita de Sardina.
Imagen nº 15804, propiedad de LA FEDAC/CABILDO DE GRAN CANARIA. Realizada en el año 1981. Fotógrafo sin identificar.

Y esta otra es de Febrero de 2015.

La ermita de Sardina es, posiblemente, una de las construcciones
públicas mas antiguas del municipio de Santa Lucía de Tirajana. Partiendo de la
base de que en las centurias comprendidas entre 1600 y 1800, como requisito
imprescindible para que un pueblo fuera tal, era el disponer de ermita o
iglesia, nos cuesta bastante definir la fecha de origen del pueblo de Sardina.
No obstante, consultadas algunas fuentes, podríamos poner dos
fechas como inicio de lo que hoy conocemos como Ermita de San Nicolás de Bari:
una fecha emocional y otra real; me explico:
En la antigua Flandes, vivió durante muchos años el militar D.
Luis de Aguilar y Toledo, natural del municipio de Agüimes, el cual, pretendió
reunir el dinero necesario para la construcción de una capellanía, mediante la
venta de unos productos enviados desde Neoporto para tal fin…corría el año
1697. Lamentablemente, tal interés no fue suficiente para levantar la
construcción.
Hubo que esperar hasta principios de 1800 para que gracias a D.
Domingo Huesterling y a D. Antonio Ruano (antepasado éste último del que
suscribe) para que empezara la construcción de la Ermita de San Nicolás de
Bari. Con muchísimas dificultades, en el año 1850 los vecinos denuncian las
grandes carencias de la Ermita para acometer las necesidades espirituales de
sus fieles y después de sortear las dificultades económicas que acontecieron
esa década, sería en 1869 cuando comenzaría a adquirir su correcta función
aumentando su propia autonomía respecto al resto de municipios.
Durante el resto del siglo XIX y principios del XX, acontecieron
muchas hechos políticos y otros tantos no tan “políticos” aunque, por fin, en
Octubre de 1915, nace la Parroquia de San Nicolás de Bari para independizarse,
eclesiásticamente hablando, del municipio de Agüimes.
Digna de visitar es esta parroquia humilde e histórica, amén de
sus gentes y fieles que custodian con mucho cariño y, sobre todo, con el máximo
respeto. Como anécdota personal, he de mencionar que fue en esta parroquia
donde mis padres decidieron unirse en el santo sacramento del matrimonio
(ahorcarse…como dirían otros) para seguidamente ponerse “manos a la obra” y…aquí
estoy, casi cuarenta y ocho años después…
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